No pude sostenerle la mirada ni tres segundos.
sentia como se apoderaba de mis palabras.
No era yo el que hablaba, no podía ser yo el que hablaba.
No sabía siquiera que estaba recitando;
maquinalmente vomitaba & vomitaba palabras.
Mis labios se secaron de pronto.
Me ardían & sentía como se agrietaban para dejar correr sangre, poco a poco.
Mis ojos no vieron mas allá de mis pies,
se nublaron, dejaron de ser mios & atravesaron ese cálido "lo que sigue".
Dejé de observar todo lo que había a mi alrededor.
Dejé de saber que había mas allá de mi.
& él. Sentado tan traquilo, las piernas cruzadas,
sosteniendo en la mano derecha un cigarro a medio cocer.
Tenía miedo. Un frío miedo que hacía incendiar mi estómago.
Quice llorar & gritar. Pero no sabía como hacerlo.
Quice volar, sabía que podia largarme de ahi volando,
pero no aguantaba mi cuerpo, ni siquiera para levantar las piernas.
Sus ojos eran negros. Tan negros & vacíos, que parecía que no estaban ahi.
Parecía que no eran sus ojos.
& sus manos tan blancas. Tan lisas & tan serenas.
Tronándose los dedos, como para preparar el siguiente paso.
Me seguía viendo.
Seguramente me desmayé. Luego de cerrar los ojos,
una pesada parvada de manos se apresuraba a tocarme,
a repasar mi cuerpo.
Primero arrancaron mis brazos.
Luego, lentamente desarmaron mis piernas. Dejé de sentirlas completamente.
Lamieron mis oidos, intentaron doblarme a la mitad.
Quizá me quejé, pero de que servía ya un simple gemido mio; ellos, o ellas,
reían, se carcajeaban & casi con júbilo gritaban mi nombre:
-Camilo!! Pobre Camilo!! has de estar tan solo de ahora en adelante!!
Estupidos, estuve tan solo desde siempre.
Seguía con miedo. Frío miedo. Pero un apacible silencio reinaba ahora,
& decidí abrir los ojos.
Lo que quedaba de mi no supe distinguir.
Solo lloré al verme en trocitos regado por el solar.
Violado.
Destazado.
Olvidado.
Estúpido. Estuviste tan descuartizado desde siempre.
& cerré los ojos. Dejé de sentirme Camilo.
Viernes, 15 de agosto 1999